La columna preocupa en el discurso y alienta las encuestas. Y es que cuidando su tradicional estilo de tuitear política, Trump ha pasado de la amenaza a la consigna y de la consigna al reproche.

Migrar, en el siglo XXI, no tendría que ser una cuestión de supervivencia, tendría que ser el ejercicio del derecho a la movilidad en busca de mejores oportunidades. Sin embargo, para millones de personas alrededor del mundo, migrar es despojarse de sueños, apegos, patrimonio, raíces, por buscar quizás, con el último aliento, el refugio que ofrecen países si no mejores, menos complejos.

La guerra, el autoritarismo, el crimen organizado, la violencia estructural, la corrupción, la desigualdad, la falta de oportunidades, llevan a millones de familias a emigrar año con año e iniciar el tortuoso camino de llegar a una “tierra prometida”. En muchos casos, el migrante no logra llegar a su destino final, y en la mayoría de ellos se enfrenta a la xenofobia, otro tipo de violencia y más marginación. Pareciera que al ser humano no le gusta lo diferente, le aterra la idea de lo extranjero, aunque paradójicamente anhele sus estilos de vida.

No son los migrantes, ni las condiciones en las que buscan mejores oportunidades; el problema son los gobiernos y las instituciones que los expulsan, que los obligan a migrar, ignorando sus carencias y polarizando sociedades que viven cada vez más fracturadas y paralizadas.

Indigna pensar que el país que recibe más de 450 mil millones de dólares en programas de combate a la pobreza sea, según datos del Banco Mundial, el más desigual del mundo; en el que la brecha entre ricos y pobres no sólo sea una cuestión de poder adquisitivo sino de vida o muerte.

La complejidad de Honduras se debe mirar desde la perspectiva política y no solo económica, comprender cómo es que siendo anticonstitucional la reelección, Juan Orlando Hernández, se postuló para un segundo periodo presidencial y a espaldas de la OEA proclamó su victoria a pesar de que los resultados electorales no le favorecieron.

Con un gobierno que de manera sistemática ha sido acusado de desviar la ayuda internacional, la población hondureña ha estado sumergida en el subdesarrollo y la parálisis económica; pero también en la ingobernabilidad desde el golpe de Estado de 2009 en el que se desató una crisis constitucional que sigue sin encontrar fin.

Franklin D. Roosevelt decía que en política nada sucede por accidente y que si esto sucede, es un hecho que también fue planeado de esta manera; y cuando vemos el perfecto ADN político del que goza el presidente Trump, no podemos más que pensar que hay mucho de razón en las palabras de Roosevelt.

Como un intento desesperado por incentivar el voto a través del miedo, la Caravana de miles de migrantes preocupa en el discurso, pero alienta en las encuestas. Y es que cuidando su tradicional estilo de tuitear política, Trump ha pasado de la amenaza a la consigna y de la consigna al reproche.

Desde la crítica al gobierno mexicano y sus instituciones por la “incapacidad para contener” este fenómeno migratorio, la amenaza de cancelar el T-MEC y suprimir el fondeo a los países centroamericanos por la expulsión de migrantes, el presidente de EU orquesta una operación política que es consecuencia de la difícil elección que enfrentará el Partido Republicano el próximo 6 de Noviembre.

Con lo que parece ser una derrota de su Partido en la elección de la Cámara de Diputados la contienda electoral del Super Tuesday  es una carrera por el control de estados como Tennessee, Arizona, Nevada, Texas, Mississippi o Indiana pues las últimas encuestas los marcan como estados “por definir”.

Ante este panorama, Donald Trump está por enfrentar la prueba más difícil de un gobierno: las elecciones intermedias, que son utilizadas por el electorado como una suerte de instrumento de evaluación al gobierno en turno y al partido del gobierno en turno.

En condiciones normales, el presidente estaría preocupado por dicha “evaluación”, pero en el caso en comento, la preocupación rebasa el plano cortoplacista y llega al escenario en el que puede quedarse sin la tan anhelada reelección, ni para él ni para su Partido.

Los intereses en juego son muchos, el peso de las instituciones en EU ha rebasado la figura presidencial y no es utópico pensar que no pudo haber mejor momento político para tener este gran as bajo la manga. El discurso del miedo y la amenaza a la seguridad nacional ha funcionado antes, y podría funcionar hoy, cuando a 15 días de la elección está por llegar a la puerta del patio trasero una marejada de desolación, desesperanza y frustración que clama por una segunda oportunidad. Esa misma oportunidad que pide Trump para su muro, para su reforma migratoria, y para la posibilidad de tener otros cuatro años en los que sí pueda hacer a América grande otra vez.

Nota originalmente publicada en: Forbes México

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