Si bien es cierto que al nuevo Acuerdo hay que darle una oportunidad y voto de confianza, también es cierto que hay que moderar la especulación y no anticipar disputas comerciales.

El Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT por sus siglas en inglés) surge dentro del esquema de organismos internacionales generados por iniciativa de Estados Unidos y sus aliados en 1947, para promover una intensa dinámica de comercio internacional, la reducción o eliminación de aranceles, barreras comerciales y cualquier práctica que restringiera el comercio entre países libres y soberanos. En 1994, la Ronda de Uruguay dio paso a la creación de la Organización Mundial de Comercio (OMC), que planteaba que con 164 estados miembros, las reglas de comercio internacional y la vigilancia de la operación de los tratados internacionales, provocarían una reducción importante de los aranceles entre los países para evitar la discriminación, la cláusula de la nación más favorecida y, por otro lado, el organismo nacía también con la promesa de asegurar una mayor transparencia de las políticas comerciales, y resolver las controversias comerciales de manera pacífica y con un trato equitativo para las naciones.

Cuando en ese mismo año inició la operación de NAFTA, el Tratado fue inscrito ante las nuevas reglas del comercio internacional, con la idea de generar un rápido incremento del comercio en la región, abrir oportunidades para las cadenas productivas y generar en los primeros 10 años más de 12 trillones de dólares en bienes y servicios producidos entre los países de la región.

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